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3/5/18

Casitas blancas en un pasaje sin nombre


Hoy os traigo un rincón de la ciudad realmente sorprendente, un pasaje que no tiene nombre, escondido en el interior de un edificio que alberga once casas de planta baja, totalmente desconocido ya que no aparece en ningún mapa o guía de Barcelona.

Mi hermana es la encargada de buscar, para nuestros paseos de los jueves, estas delicias barcelonesas que nada tienen que ver con las calles y monumentos que se visitan normalmente, esos rincones secretos o poco conocidos, a veces incluso para nosotras mismas. 
El otro día, hace apenas tres semanas, me sorprendió. Me contó que había un pasaje con unas casitas blancas muy interesante de visitar. Está entre la calle Rocafort y la Avenida Mistral, me dijo. ¿Y cómo se llama? No tiene nombre, lo llaman las casitas blancas.
¡Y allá que nos fuimos!

Dimos unas vueltas en la confluencia de esas calles, pero no vimos ningún pasaje. Preguntamos en una tienda cercana, de esas que se nota que son de hace años y nos dijeron que estaba dentro de un portal ¿qué? ¿cómo que dentro de un portal? En el número 29 de la calle Rocafort. No se podía entrar, el portal estaba cerrado, pero llamamos por el interfono y una señora muy amable nos abrió.


Cruzando el umbral del portal nos encontramos con un largo pasillo, pared a la derecha y puerta de portería a la izquierda. Más allá, a la izquierda, un primer escalón de lo que podría ser la escalera de acceso al edificio y al fondo una misteriosa puerta entreabierta por la que clareaba la luz del día.


Avanzando por ese tramo de pasillo, comprobamos que, efectivamente, ese escalón de la izquierda era el primer peldaño de acceso a los pisos del edificio. La puerta, con una de sus alas abiertas, daba a otro pasillo que a su vez conducía a otra puerta. ¡Ay, qué amoción, qué intriga! Yo y mi hermana nos miramos, la una a la otra, con un mismo pensamiento ¿habrá realmente once casas blancas tras esa puerta?


¡Ohhh, síiii!
Nada más atravesar esa última puerta ya se veían las primeras casita blancas.


Las primeras casas quedan a la izquierda, al fondo queda cerrado, pero se observa que hay otra calle que se abre a la derecha, en una especie de "L" invertida.


Más allá, se ve el callejón y la curva que forma para llegar al centro del conjunto de casas ¡qué emoción!


Y mirando a la derecha se abre la calle, con sus casitas blancas alineadas a derecha e izquierda de esa especie de patio interior. Once casas de planta baja y terrado, sumergidas bajo los edificios de alrededor, como si fuera un pequeño pueblo dentro de una ciudad ¡realmente increíble!


Esta foto está tomada a la inversa, es decir, desde el fondo de la calle hacia la otra por la que hemos accedido. Se ven los edificios altos como rodean el complejo y como quedan estas casas escondidas entre ellos.


Estas viviendas fueron construídas en 1924 por el Ayuntamiento y al parecer estaban destinadas para los trabajadores de las obras de la Exposición Universal de 1929 de Barcelona.


Cada una de ellas se distingue por una letra.


Algunas son auténticos rincones con encanto, con sus sillas, bancos y macetas con plantas.


La vida de sus propietarios debe de ser muy relajada y tranquila, me imagino al ver esta mesa con piedras y maderas listas para realizar alguna manualidad o por el simple placer de tener unos recuerdos.


Y al marchar, vemos la entrada al revés, no sin antes habernos quedado maravilladas y sorprendidas por estas casas blancas y este pasaje tan singular y sin nombre.

Hemos visto otros pasajes e incluso otras construcciones de casas de planta baja en Barcelona, como las del Pasaje de Tubella, pero ninguno tan desconocido, dentro de un edificio y que no aparece en ninguna guía o mapa de la ciudad.


Volvimos sobre nuestros pasos, viendo el acceso a la inversa.


Aunque algo descoloridos, vale la pena observar los serigrafiados de la pared del pasillo.


Y con esta foto, ya de salida a la calle, finaliza el reportaje, que os he comentado paso a paso, tal y como lo vivimos. ¡Espero que os haya gustado!

6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me encanta que te parezca interesante, querida Teresa.
      Mil besos!!

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  2. Muy curioso, es como un sitio detenido en el tiempo, aquí en Tenerife, en la capital hay un sitio similar, pero no son casas pintadas de blanco, sino fachadas multicolores, se me ha recordado muchísimo.
    Me ha gustado mucho ver tantas macetas con plantas, la verdad es que el sitio encantador se ve.
    Un abrazo
    :D

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    1. Debe de ser precioso ver todas esas casas pintadas de colores distintos ¡cómo me gustaría conocerlas! y es que estos lugares singulares tienen algo especial y, como dices, nos transportan en el tiempo.
      Me alegra mucho que te gusten las plantas ¡ya somos dos, jeje!
      Muchos besos, guapa.

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  3. Guauuu, ¡me ha encantado! Yo también habria disfrutado mucho investigando por dónde entrar y avanzando por ese pasillo mitad alegre mitad siniestro.

    Qué maravilla descubrir estas cosas y que nos las muestres, Montse. El hecho de que no aparezca en los planos de la ciudad la hace aun más atractiva.
    Me pregunto qué dirección pondrán los habitantes de esas casitas blancas para que les llegue la correspondencia.

    Agradecido por el buen rato que he pasado observando y leyendo.

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    1. La verdad es que es una de las veces que más he disfrutado, precisamente por eso mismo que dices, JuanRa, por investigar y descubrir y por el hecho de que no aparezca en planos ¡una pasada este lugar!
      Yo también me pregunté cómo recibían el correo en esas casas, pero la respuesta está en la última foto, a la izquierda se ven lo buzones, eso sí el cartero no debe saber que los vecinos están más allá de esas puertas ¡es de lo más curioso!
      Me gusta que hayas pasado un buen rato ;)
      Mil besos.

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